Yo, el gimnasio y mis circunstancias

¡Qué buenos son los gimnasios! ¿verdad? Son lo mejor. El mío está en Las Rozas. Es enorme, limpio, claro, lleeeeeenooo de gente, de a-le-gr-es niños revoltosos ¿angelitos?, de corrientes de aire, de ruido, de olores…

Entre semana, suelo ir por las tardes, cuando he acabado mi dura jornada laboral, estoy agotada, cansadísima y, sobre todo, harta. Entonces el gimnasio se me plantea como ¿Un oasis? ¿Qué mejor para hacer, si es sano, nos mantiene en forma, nos desconecta del día a día…? ¿Estaría mejor en mi casita, tirada en el sofá, leyendo tranquilamente y tomándome una cervecita? Nooooo, para nada!

Yo llego a mi gimnasio muchas tardes a eso de las 19:30. ¡Qué hora más buena! Delante de la puerta acaban de poner un quiosco de churros, porras y chocolate caliente. Ayer abrieron uno de perritos y hamburguesas y otro de chucherías… Nada, no pasa nada (menos mal que soy vegetariana e ignoro que es la hora de merendar y que no llevo en el estómago más que un mísero sándwich de Rodilla o unas hojas de lechuga mal aliñás) Paso toda digna por delante sin problema.

Entro en el gimnasio y el olor que se me abalanza es tan característico… tan ¿agradable? Me dirijo a los vestuarios un poco ojiplática por la diversa fauna con la que me cruzo. Quinientas ¡qué digo!, mil o dos mil mujeres me reciben en bolas o en medio bolas. Voy a empezar a hacer un catálogo de senos y pubis. ¡Madre mía! Qué variedad, qué desfile, cuánta gente y qué diferentes. Ayer había una que se echaba crema hidratante por el cuerpo, calzada con unos zuecos de 30 centímetros mientras movía su cuerpo al son de una música machacona de discoteca de polígono. Nada grave, me aseguro.

¿Y las bolsas de deporte? Ay!!! Las bolsas de deporte. Mis  “socios” del gimnasio no son tan vulgares como para llevar bolsas de deportes, no. Ellos y ellas llevan trollers. Sí, sí, maletas con ruedas que despliegan en los bancos encima de mi prudente bolsa Roxi que queda ridícula ante semejante demostración de poderío… ¡Qué bueno es ir al gimnasio!

Ya he conseguido un hueco para soltar mi bolsa y empezar a vestirme, mientras los “queridos angelitos” me pisotean la cabeza, gritan y se pelean entre ellos y con las madres (¿pasará lo mismo en el vestuario de los hombres?). Guardo todo en unas taquillas que se cierran con unos candados muy coooooool, con un código numérico del tamaño de una hormiga y que ¡no hay Dios que lea! ¿O es que debería ir a clase con las gafas de esa maldita plaga que te ataca allá por los 40 llamada presbicia?  Elijo: o cerrar la taquilla o llevar las gafas a la sala de aparatos (mañana mismo me traigo un candado con llave!)

La indumentaria: la indumentaria es algo serio. No, no… nada de pantalones de gimnasia guarros con camiseta de pintar paredes. No! Al gimnasio se va “mona” o “mono” (en el sentido literal de la palabra). Da igual si estás llenita o si eres un saco de plumas.  Informal pero arreglá, que se dice. Luego ves a cada espécimen… modelones, ya te digo! Hay algunos que se meten la camiseta por el pantalón de deporte y se lo ajustan debajo del sobaquillo. Lo prometo! Están tan ricos ellos… El otro día, uno de los entrenadores personales, llevaba unas bermudas de camuflaje tan, tan apretadas que pensé que se le explotarían los mismísimos… Él, encantado. Pero, no te agobies, la clave es saber conjuntar dignamente tus camisetitas (lo de ajustar los michelines ya es otro tema… No me meto, no.)

¡Cómo se suda en el gimnasio! Todos sudamos. Mucho. Bueno, unos más que otros. Esos que sudan en exceso (les hace más hombres!!), se secan con la mano y luego la ponen en las pesas, las barras, la cinta o cualquier otro “espacio común”. O el que se suena con la toalla – siempre la misma- y la coloca sobre la pantalla de la cinta, cara con cara… Esos son realmente maravillosos.

Luego tú puedes ir por libre, coger un entrenador o ir a clases. Por libre, mejor ahórratelo porque lo que haces y lo que deberías hacer, dista mucho. Desiste, ya te lo digo yo. Un entrenador… bien pensado no son caros: por lo menos, si te está esperando no pasas por delante del gimnasio, te tomas un churro y dices “ya mañana vengo”. No, entras porque si no pierdes pasta. Sí, como esos gimnasios que te cobran más cuanto menos vas. Pues eso. El entrenador es una apuesta segura. Lo malo es que él te pregunta: ¿hacemos esto? Y, tú, respondes: “no”. El sigue “va, va, va…” y tú te preguntas ¿realmente yo estoy pagando a este tío para que me fastidie la vida de esta forma? Mejor no te respondes.

Y las clases… las hay de todo tipo. Para hacer este post, el otro día entré a una de spinning. Super de moda, oyessss. Pues nada, tortas para entrar en la sala aquella que huele a todo menos a montaña. Todos con sus toallas, sus botellas de agua… algunos, incluso, con sus zapatillas especiales de bicicleta… Se trata de pedalear frenéticamente al ritmo de una música absurda y alocada, en la que todos parecen volverse tarados y, lo más importante, no parar nunca. Lo más alucinante es que ¡la gente se pica! ¡con el vecino y consigo mismo! Qué fuerte…

A mí me encanta el gimnasio. Los findes son distintos porque vas más calmada. Yo un domingo fui, a las 11:00 de la mañana, a una clase de zumpa. Sí, sí… tal cual: zumpa. ¿Qué es? Pues algo así como el baile de una boda después de 7 horas y borrachos perdidos pero sin alcohol, a pelo y a otra hora más sensata. Seríamos 30 mujeres y 5 hombres. Divertidísimo, si. Descubrí que los hombres no saben donde tienen las caderas ni lo que es la coordinación piernas-brazos. No dejas de reírte. Ni de morirte, tampoco. Cuando sales, parece que has dejado el caballo en las cuadras y que te ha quedado esa forma entre tus piernas… ¡Qué felicidad tan grande!

Yo, cuando miro el reloj y veo que tan solo llevo 7 minutos de la tarea que me haya propuesto – y que no suele ser menos de 1 hora – me pregunto por qué voy al gimnasio. Cada año, miles y miles de personas se apuntan a gimnasios y no van. No van jamás. Otros vamos pero sufrimos. Sufrimos de verdad. Pero estamos tan sanos…

Silvia Albert

Directora

Silvia Albert in company

 

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Un comentario

  1. @rdelblanco dice:

    Jajajaja mujer todo depende de como se mire… un Viernes voy a contarte yo mi experiencia del Gym de vigoréxica =D I love spining…

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